domingo, 28 de septiembre de 2008

EL AJEDREZ ¿JUEGO DE GUERRA? I


Uno de los grandes tópicos sobre el ajedrez supone que existe una íntima relación entre lel juego y lo militar. Quizá sea porque el primer antecedente del juego, el Chaturanga, era una representación de los cuatro cuerpos que formaban un ejército indio, o quizá porque estrategia y táctica son disciplinas comunes a ambas actividades. Lo cierto es que los historiadores, que discuten con apasionamiento qué país, qué cultura inventó el juego, siempre encuentran en los orígenes la representación simbólica de las sociedades que lo crearon. Y estas sociedades eran fundamentalmente guerreras, por lo que las piezas de los diversos ajedreces arcaicos representan ejércitos con sus reyes, generales, asesores, caballería y carros de combate.

Aunque hay quien mantiene una opinión contraria, como Eduardo Scala para quien el ajedrez es “el juego de los filósofos” y “representa una cosmogonía, eso sí, con sus combates espirituales entre el orden y el caos, la luz y las tinieblas, pero no tiene nada que ver con lo militar”, la opiniones favorables a la tesis guerrera son mayoritarias.

Lógicamente el arte tenía que reflejar este estado de cosas. Y lo hizo abundantemente. Así que vamos a intentar dar un repaso a varias obras que emparentan lo militar y el ajedrez.

Empecemos con “los jugadores de ajedrez”, un dibujo de 1952 del británico Merlyn Evans.



Esta obra se inscribe dentro de una serie dedicada a censurar las atrocidades cometidas durante la II Guerra Mundial. Representa la firma por parte de von Ribbentrop y Molotov del pacto de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética acordado en agosto de 1939.

Los dos ministro se representan ante un tablero de ajedrez con Europa como premio.


FICHA TÉCNICA

CHESSPLAYERS
MERLYN OLIVER EVANS
1952
COLECCIÓN PARTICULAR

miércoles, 10 de septiembre de 2008

ADIVINA, ADIVINANZA...

I

Sesenta y cuatro naciones,
mitad blancas, mitad negras,
en que treinta y dos figuras
juegan a juegos de guerra.


II

En un páramo sin valla,
entre torres y caballos,
está el rey y sus vasallos
dirimiendo una batalla.
Cuando al rey, vencido, humillas,
lo has sacado de casillas.


III

¡Cuánto galán caballero,
cuántas damas y castillos,
cuántos monarcas aliados
en fieras luchas he visto!
Y a lo mejor hasta tú
en mi arena has combatido.


IV

¿Cuál es la varia cuadrilla,
blanca y negra de pecheros,
de unos caballos sin silla,
reyes, damas, caballeros
sin reino, ciudad ni villa?


FICHA TÉCNICA

JOSÉ LUIS GARFER Y CONCHA FERNÁNDEZ
ADIVINANCERO POPULAR ESPAÑOL II
TAURUS. MADRID, 1983

martes, 2 de septiembre de 2008

DESDE RUSIA CON AMOR


Este artículo se publicó por primera vez en la web Madrid Mueve. Lo reproduzco aquí tal cual.

Desde Rusia con amor (Ian Fleming. From Russia with Love. Glidrose Productions Ltd. 1957. Traducción castellana: Desde Rusia con amor R.B.A. Barcelona, 1999. Traducción de Diana Falcón) es la quinta novela de la saga dedicada al más famoso de los agentes al servicio de su Graciosa Majestad: Bond, James Bond. Su trama presenta un siniestro complot preparado por los servicios secretos soviéticos para asesinar al agente 007 y resarcirse así de antiguos fracasos que habían puesto en entredicho la eficacia de la Inteligencia soviética.

El plan a seguir es urdido por Kronsteen, Jefe de Planificación de SMERSH, organismo dependiente del Ministerio de Seguridad del Estado o MGB, antecedente del más conocido KGB.

Kronsteen es, además, ajedrecista. Su carácter de tal parece ser el complemento perfecto de su ocupación secreta, ya que le facilita el análisis desapasionado de la realidad que le rodea.

Como tantos ajedrecistas de ficción, Kronsteen es un monstruo. En el capítulo 7, titulado El brujo de Hielo, sobrenombre por el que es conocido entre los aficionados al ajedrez, se describe su personalidad en los siguientes términos: «Kronsteen no se sentía interesado en los seres humanos... ni siquiera en sus propios hijos. Tampoco tenían lugar en su vocabulario las categorías de “bueno y malo”. Para él todas las personas eran piezas de ajedrez. Sólo le interesaban sus reacciones ante el movimiento de otras piezas. Para predecir las reacciones de las mismas, lo cual constituía la mayor parte de su trabajo, debía comprender sus características individuales».

En el capítulo 26, cuando uno de los soviéticos, seguro del triunfo de la conspiración, se jacta de la perfecta planificación que Kronsteen ha hecho, añade, como si fuera una caracterización suficiente: «un gran jugador de ajedrez».

Como por desgracia es frecuente en las obras literarias en las que se habla de ajedrez, la traducción no es todo lo precisa que sería de desear. En el mismo capítulo 7, se describe la final del campeonato de Moscú disputada entre Kronsteen y el campeón de Georgia, Makharov. «Kronsteen –según la traducción- había introducido un brillante giro en la Variante Meran del rechazo del gambito de dama». Lógicamente, lo que quiere decir es que Kronsteen había introducido una brillante novedad en la variante Merano del Gambito de Dama rehusado.

Del desarrollo de la partida sólo se dan unos poquísimos apuntes: las jugadas 28, 31 y 33 de Makharov no habían sido las mejores y la jugada 41 del blanco, T8C, fue la que decidió la lucha.

No sé si Fleming tenía en mente alguna partida concreta cuando redactó este capítulo, pero existe una curiosa coincidencia. El libro fue publicado en 1957 pero la acción parece transcurrir en 1955. Pues bien, en 1955 se disputó una partida entre el ex-niño prodigio polaco, por entonces nacionalizado estadounidense, Samuel Reshevsky, y el varias veces campeón del mundo soviético, Mijail Botvinnik, en el transcurso de un match entre las selecciones de la U.R.S.S. y los U.S.A. celebrado en Moscú. En dicha partida se jugó la variante Merano del Gambito de Dama rehusado. Las jugadas 28 y 31 de las negras no son las mejores y la jugada 41 del blanco fue T8C, aunque Botvinnik aún hizo una jugada antes de abandonar.

Realmente son tantas las coincidencias que si esta partida no fue la fuente de inspiración para este capítulo, bien merecería serlo. La partida es la siguiente:


Reshevsky, Samuel Hermann - Botvinnik, Mijail Moiseevich
D 49 Gambito de Dama. Variante Merano
URSS-USA Moscú (1), 1955
1.d4 d5 2.c4 e6 3.Cc3 c6 4.Cf3 Cf6 5.e3 Cbd7 6.Ad3 dxc4 7.Axc4 b5 8.Ad3 a6 9.e4 c5 10.e5 cxd4 11.Cxb5 Cxe5 12.Cxe5 axb5 13.Df3 Da5+ 14.Re2 Ad6 15.Dc6+ Re7 16.Ad2 b4 17.Dxd6+ Rxd6 18.Cc4+ Rd7 19.Cxa5 Txa5 20.Thc1 Aa6 21.Axa6 Txa6 22.Tc4 Cd5 23.Txd4 Tb8 24.Rd3 h5 25.Rc4 b3 26.a4 Tc6+ 27.Rd3 Tc2 28.Tb1



28 ...Tbc8 29.a5 T8c6 30.Re2 Td6 31.Re1


31...Cc7 32.Txd6+ Rxd6 33.Ac3 f6 34.Ta1 Ca6 35.Ta3 Rc7 36.Txb3 Cc5 37.Tb5 Ca4 38.Ad4 e5 39.Rd1 Tc4 40.Ae3 Rc6 41.Tb8


Botvinnik todavía hizo una jugada antes de abandonar.



Reshevsky y Botvinnik durante una de las partidas del encuentro de 1955.

En el resto de la novela apenas si hay alguna referencia más al ajedrez. Y siempre dentro del tópico que busca analogía entre el desarrollo de una partida y el desarrollo de una acción. Así en el capítulo 15, Bond reflexiona de la siguiente forma: «cualquiera que fuese la partida, había que jugarla hasta el final. Si el cambio de habitación había sido el gambito de apertura, mucho mejor. El juego tenía que comenzar por algún sitio».


O que el mundo es un tablero donde los hombres son manejados como trebejos por poderes que se les escapan, como en el capítulo 23, cuando Kerim Bey, colaborador de Bond, dice: «Estos rusos son grandes jugadores de ajedrez. Cuando desean llevar a cabo un plan, lo ejecutan brillantemente. Planean la partida hasta su más mínimo detalle, previenen los gambitos del enemigo. Cada uno es previsto y contrarrestado. En el fondo (...) tengo la sensación de que usted, yo y esa muchacha somos peones sobre un enorme tablero».


La adaptación cinematográfica de la novela de Ian Fleming fue realizada por Terence Young (From Russia with Love. United Artist Corporation, 1963) y es muy fiel al original literario. En la película, Kronsteen, interpretado por el actor inglés de origen polaco, y sorprendente parecido con Vladimir Putin, Vladek Shaybal, no es el jefe de planificación del SMERSH sino el número 5 de la organización S.P.E.C.T.R.A., aunque su misión es la misma: preparar un plan perfecto para la perdición de James Bond.


La condición de ajedrecista de Kronsteen parece ser una garantía, como en la novela, de la perfección de sus planes. Veamos si no el siguiente diálogo entre Rosa Klebb (Lotte Lenya, el espectador que haya visto la versión doblada al castellano habrá escuchado la voz de Irene Guerrero de Luna) Blosfeld (Eric Pohlmann, Benjamín Domingo) y Kronsteen (Vladek Shaybal, Jesús Nieto):

Rosa Klebb
Espero que los esfuerzos de Kronsteen como Director de Planificación continuarán siendo tan eficaces como su ajedrez.

Kronsteen
Nada hay que temer.

(...)
Blosfeld
Kronsteen, ¿está convencido de que el proyecto es infalible?

Kronsteen
Si, lo es. Porque ya he previsto todos los imponderables y las variaciones precisas.


En el original inglés la respuesta de Kronsteen refuerza aún más su condición de ajedrecista: “Yes it is. Because I have anticipated every posible variation of countermove”.

También cambia la partida que se desarrolla en la película con respecto a la descrita en la novela. No se trata de un campeonato interno de la U.R.S.S. sino de un torneo internacional de grandes maestros disputado en Venecia.


Vladek Sheybal y Peter Madden en un momento del rodaje.


Aunque el decorado está realizado con esmero y no desmerece de la sala de juego de un torneo de categoría: una gran habitación en cuyo centro se dispone un podio sobre el que se haya la mesa a la que se sientan los jugadores; un enorme tablero mural en el que vemos los nombres de los jugadores: Kronsteen, de Checoslovaquia, y MacAdams, de Canadá; una mesa arbitral y público en abundancia; y aunque la mesa de juego está provista de su reloj y sus planillas de anotación, la escena no está bien planteada en lo que se refiere a los términos puramente ajedrecísticos. La manera en que los jugadores mueven las piezas es muy artificiosa, los árbitros cantan en voz alta las jugadas que se realizan en el tablero y el encargado del tablero mural las repite para el público y, lo peor de todo, el derrotado canadiense derriba su rey en signo de abandono como si se tratara de un aficionado primerizo y no de un gran maestro.

Vladek Shaybal en el papel de Kronsteen realiza la penúltima jugada de la partida.

En el tablero mural vemos la posición de la partida, que reproducimos en el diagrama que se ofrece más abajo. La posición corresponde a la partida disputada por Boris Spassky y David Bronstein en el vigésimo-séptimo campeonato de la extinta U.R.S.S.

El desarrollo de la partida fue el siguiente:


Spassky, Boris Vasilievich - Bronstein, David Ionovich
C36 Gambito de Rey
Leningrado, 1960

1.e4 e5 2.f4 exf4 3.Cf3 d5 4.exd5 Ad6 5.Cc3 Ce7 6.d4 0–0 7.Ad3 Cd7 8.0–0 h6 9.Ce4 Cxd5 10.c4 Ce3 11.Axe3 fxe3 12.c5 Ae7 13.Ac2 Te8 14.Dd3 e2 15.Cd6 Cf8 16.Cxf7 exf1D+ 17.Txf1 Af5 18.Dxf5 Dd7 19.Df4 Af6 20.C3e5 De7 21.Ab3 Axe5



Spassky-Bronstein. Posición después de la jugada vigésimo primera

22.Cxe5+ Rh7 23.De4+ 1–0

Spassky vs. Bronstein

Sin embargo, la posición que aparece en la pantalla difiere de la que se dio en la partida real: faltan los peones de c5 y d4.


Kronsteen-McAdams. La misma posición sin los peones centrales.

Como señaló Tim Krabbé en su página web con está disposición de piezas la vigésimo segunda jugada de MacAdams, Rh7, es un error. Podía haber defendido la posición con 22…Ce6 y si 23. Cg6 Dc5. En la partida real, Bronstein no tuvo esa posibilidad ya que si 22…Ce6 Spassky hubiera podido jugar 23.De4 seguido de Cg6 ganando el caballo.

En las dos partidas la victoria es sencilla después de 22…Rh7 Por ejemplo: 23.De4 Rh8 24.Tf8 Tf8 25.Cg6 Rh7 26.Cf8 Rh8 27.Dh7 mate

El rey por los suelos.

¡POBRE REINA!



El fotomontaje que mostramos arriba es obra de Grete Stern, fotógrafa argentina de origen alemán. Su formación incluyó cursos en la Bauhaus y a comienzos de la década de los 30 trabajó como diseñadora gráfica para publicidad, campo donde aplicó con éxito los planteamientos que había desarrollado la fotografía de vanguardia.


En 1934, ante el creciente antisemitismo que imperaba en Alemania, emigró a Londres y, posteriormente, a Buenos Aires donde se afincaría definitivamente. En Argentina alternó su trabajo de diseñadora gráfica para portadas de libros y revistas con el de documentación fotográfica para diversos organismos públicos. Paralelamente desarrolló un trabajo más personal centrado en el retrato de intelectuales y artistas y en paisajes urbanos de Buenos Aires.

En 1948, una revista femenina, Idilio, decidió iniciar una sección sobre psicoanálisis: “el psicoanálisis le ayudará”. La sección debía organizarse como un consultorio en el que las lectoras describían sus sueños para que un psicólogo los interpretase. El artículo debía ir acompañado por una ilustración. La dirección de la revista le propuso a Stern ocuparse de las ilustraciones. Ésta tuvo la genial ocurrencia de que el mundo excéntrico e irreal de lo onírico no podía representarse mejor por medio de ningún procedimiento que mediante el fotomontaje.

Probablemente, nadie recordaría hoy dicha revista, y menos aún la sección dedicada al psicoanálisis, sino fuera por los más de cien fotomontajes que creó Grete Stern para ella. En ellos mostró una sutil crítica a la condición femenina de la época que escondía al tiempo una contundente denuncia de la situación de la mujer.

No conozco el sueño en el que está inspirado el presente fotomontaje, ni el comentario que lo acompañaba pero quizá no estuviera muy alejado del comentario que Luis Priamo hizo para el catálogo “Grete Stern. Sueños” publicado con motivo de la exposición dedicada a la fotógrafa argentina en el Institut Valencià d’Art Modern en 1995:

“En Los sueños de ajedrez la mujer-ficha es, sin duda, la Reina del tablero. Su largo vestido y sus guantes nos informan de que se trata de una “señora”. Sin embargo, es una señora cuya vida tiene movimientos fijos, con funciones prefijadas en un espacio determinado y, sobre todo, como un elemento más en la partida que desarrolla el jugador. La mano masculina del ajedrecista no se ve, pero se la sabe presente fuera de cuadro, y puede preverse el momento en que sus dedos tomen a la Reina por la cabecita y la muevan a uno u otro lado para defender o ganar una posición. ‘Una Reina, sí, ¡pero pobre Reina…!’, podría ser el título del trabajo, si se utilizara el criterio irónico explícito que es propio del fotomontaje político clásico”.