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sábado, 12 de febrero de 2011

EL AJEDREZ DE LA BAUHAUS


La Bauhaus fue una escuela de diseño, arte y arquitectura fundada en Alemania a principios del siglo XX que tuvo una importancia decisiva en el desarrollo del arte y, sobre todo, del diseño gráfico e industrial tal y como lo entendemos hoy en día. En sus aulas impartieron clase artistas fundamentales en el arte moderno: Kandinsky, Klee o van Doesburg en pintura; Gropius y van der Rohe en arquitectura; Moholy-Nagy en fotografía. Su objetivo era transformar a través de sus creaciones la sociedad de la época y hacer asequibles a todo el mundo objetos de uso cotidiano bellos.

En los años 20 uno de sus profesores, el escultor Josef Hartwig, trabajó en el diseño de un juego de ajedrez que siguiera los criterios estéticos de la Bauhaus. El primer modelo es de 1922 y ya muestra una marcada tendencia hacia la funcionalidad.



Pero sin duda, el modelo más célebre de todos cuantos hizo es el de 1924. La Bauhaus hizo suyo un antiguo principio arquitectónico: "la forma sigue a la función" y las piezas de este juego de ajedrez son un magnífico ejemplo de ello. Lejos de intentar representar las piezas por lo que sugiere su nombre con un mayor o menor grado de abstracción, como es habitual en la mayoría de juegos de ajedrez, en este se representan de acuerdo a la función que desempeñan en el juego de manera que la forma de cada trebejo enfatiza el movimiento que le es propio. Así, los alfiles tienen forma de X; el caballo, de L; las torres y los peones son cubos; el rey, una combinación de dos cubos; y la reina, un cubo y una esfera.  


Es una muestra, también, del afán multidisciplinar que imperaba en la escuela. Además de Hartwig, diseñador de los trebejos, participaron Heinz Nosselt, responsable del taller de carpintería, que se encargó de la marquetería del tablero y de la mesa y sillas que lo completaban y Joost Schmidt, que diseñó la tipografía y los folletos que acompañaban al juego.




El éxito de este diseño fue enorme y todavía suele encontrarse en los zocos de muchos museos, generalmente a un precio disparatado, lo que no parece muy acorde con los principio que animaron a la Bauhaus.

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