jueves, 30 de enero de 2014

EL MOMENTO DECISIVO


En 1954, Henri Cartier-Bresson fue el primer fotógrafo occidental autorizado a viajar a la Unión Soviética después de la II Guerra Mundial. La obsesión por el espionaje había impedido cualquier contacto con la prensa occidental hasta después de la muerte de Stalin.

Cartier-Bresson se dedicó a fotografiar a la gente común haciendo cosas comunes. El resultado fue un libro llamado Moscú que fue editado por Robert Delpire en 1954.

La fotografía que ilustra esta entrada fue tomada en Serebryany Bor (algo así como el bosque de pinos plateados) un parque del noroeste de Moscú.

lunes, 20 de enero de 2014

THE WINTER MEN


Ajedrez en un McDonald's de Moscú

"The Winter Men" es un cómic publicado en 2005 por Wildstorm Productions y creado por el guionista Brett Lewis y el dibujante John Paul Leon (con la colaboración de Dave Stewart en el coloreado final).


Ajedrez en el despacho del Alcalde de Moscú
La acción se desarrolla en Rusia, justo después del hundimiento de la Unión Soviética, y retrata un sombrío panorama en el que el crimen en cualquiera de sus manifestaciones  campa por sus respetos. Es el momento en que está surgiendo una nueva estructura de poder y, paralelamente, una nueva estructura en el crimen organizado y ambas se nutren de lo mismo: la inmensa maquinaria de seguridad con sus innumerables organismos secretos que había generado el sistema soviético.


Ajedrez en la cárcel
Su protagonista es Kalenov, llamado "el Poeta", un policía que en el pasado fue parte de un experimento destinado a crear un cuerpo especial de supersoldados que debía actuar como contrapeso de otro oscuro experimento: la creación de soldados con poderes sobrehumanos.


Los superhéroes soviéticos también juegan al ajedrez
Durante toda la trama, los personajes se sienten piezas de un juego de ajedrez que están disputando unos "poderes" que apenas adivinan pero cuyos movimientos sienten de forma contundente.

domingo, 19 de enero de 2014

THE DARK MIRROR


The Dark Mirror (en España "A través del espejo") es un thriller psicológico dirigido por Robert Siodmak en 1946 para International Pictures.

Lew Ayres interpreta a un psiquiatra que colabora con la policía en la resolución de un asesinato. En una de las escenas de la película le vemos en su casa reproduciendo una partida de ajedrez de una revista.

miércoles, 15 de enero de 2014

RENÉ BURRI


Desde 1963, cuando tomó una foto del "Che" Guevara que se convertiría en clásica, el fotógrafo suizo de la agencia Magnum René Burri viajó repetidamente a Cuba para realizar reportajes sobre la sociedad cubana para las principales revistas europeas y norteamericanas. En 1994, la editorial italiana Federico Motta publicó una selección de estos trabajos bajo el título "Cuba y Cuba".

Una de las fotos seleccionadas fue estos "Jugadores de ajedrez en el Club Español del Teatro Federico García Lorca (actualmente Gran Teatro) de La Habana" de 1974.

lunes, 13 de enero de 2014

JAIME SILES



LA PARTIDA DE AJEDREZ


Me gusta el ajedrez por lo impreciso: es lo más impreciso
que una indefinición de vida podría soportar. Se sabe
qué les va suceder a los peones,
qué movimientos desplegará la reina,
con qué seguridad se enrocará la torre,
los saltos laterales y breves del caballo
y la difícil suerte que correrá el alfil.
Patina éste, resbala, se desliza
o para protegerse o para capturar
una posible pieza
y encuentra siempre
un obstáculo que se mueve en su órbita,
un enemigo próximo, un riesgo muy vecino,
algo que lo amenaza y que él esquiva
sin llegarlo a lograr.
Tiene el alfil un enemigo íntimo,
lejano como un aura,
que lo anima y lo irrita,
lo reta y lo provoca
en un sentido que él conoce
porque es el mismo siempre
e, incluso cuando avanza, recuerda
el carácter retráctil de una fuga,
el humo posterior a una derrota,
el momento en que todo en la vida
es un retroceder.
Ese momento en que el alfil destella como un látigo
en la mano inexperta de un viejo domador
en torno al cual se mueven, fieros y hambrientos, los leones
atentos todavía al chasquido del cuero restallante,
débil y envejecido por el uso
e incapaz, por ello, de imponerles
su dominio, su fuerza o su impiedad.
Ese momento en que el alfil conoce
la insumisión y la desobediencia,
y la cuadriculada llanura del tablero
le parece la cara norte de un roque nublo,
rizado e instantáneo,
donde los ojos tropiezan con las cuchillas giratorias
de una sierra mecánica que corta en espiral.
Ese momento en que el jugador más diestro calla
y el tablero se escucha y las piezas,
sin moverse ninguna, parecen todas zozobrar.
Ese momento en que el rey se ha escondido,
la reina deambula por la estancia,
los caballos levantan los cascos y las patas
en posición de salto y sin poder saltar.
Ese momento en que
lo más seguro del tablero son las torres
y también éstas parecen minadas en sus bases.
Ese momento en que lo único que pasa
es el hueco todo de la vida, vacío incluso de su aire.
Ese momento en que nos encontramos
frente a frente, al fin,
no los ejércitos de negras y blancas,
sino nosotros solos,
moviendo en el tablero las piezas que hemos sido
y perdiéndolas todas, una a una,
una tras otra, contra nosotros mismos, sin cesar.
Cuando el alfil es nuestro movimiento
escuchamos el ruido que hace un viento sin hojas,
que cubre de polvo y sangre nuestras piezas,
usadas unas y, otras, la mayoría, sin usar.
Sobre el tablero ¿qué identidad se escucha:
la del que mueve las piezas contra otro
o la del que las mueve sólo contra sí?
Sobre el tablero ¿qué es lo que escucha?
¿Qué se sabe, qué es lo que se aprende,
qué se llega a saber sino el cuadrado vacío de la vida
y la existencia sólo de figuras,
pues figuras son sólo las piezas que se juegan,
y también quienes juegan y aquello que se juega
y lo que constituye el ajedrez?
¡Qué angustia sube
por el perfil redondo de las piezas!
Y los símbolos fálicos en ellas
no anulan su fingida apariencia de pezón: 
su redondez erguida, su mueca, su voluta.
Es la imprecisa forma de la muerte
lo que otorga belleza al ajedrez.
Ninguna pieza sobra. Todas salen,
algunas también vuelven y las hay
que, incluso, dejan la orilla opuesta: 
resucitan, regresan, llegan a renacer.
Son esas piezas tal vez las que más amo.
Me gusta verlas transgredir las leyes de la física,
burlar la muerte, desafiar la vida,
recuperar sus cuerpos y ser su movimiento,
vencedor y vencido, de nuevo, una vez más.
Es difícil saber todos los movimientos de esas piezas,
pero puede pensarse que son tantos - y tal vez los mismos -
que a cada uno de nosotros
le ha concedido la libertad de Dios.
Acaso es él el juego y nosotros,
las piezas que conforman el juego de una vida
de los mismos colores que el tablero
y no se sabe si del mismo valor.
Tal vez lo que recorre el juego
es un espacio que no se mide en términos de tiempo
y carece de una clara frontera
que separe y defina
los límites del ser y los del yo.
Sobre el tablero la persona y la cosa se confunden:
conviene distinguirlas, sin embargo,
porque, en nuestro deseo de ser torre,
un caballo a galope produce siempre
la fuga de un alfil.
La reina duda y el rey, si no se siente seguro,
se equivoca.
Los peones lo asustan y él conoce
la música que suena en su morir,
cuando alguien mueve, seguro, algunas de sus piezas,
nos mira, con su culpa feliz, hacia los ojos
y pronuncia la palabra que tememos oír.
Esa palabra que es el ajedrez y que señala el fin
porque es el jaque.
Esa palabra que escuchamos muchas veces,
y de muchas formas, en la vida,
porque la vida es como el ajedrez.
Movemos piezas, nos movemos en ellas,
nos las mueven y somos movidos también.
Somos como las piezas, pero, con una leve diferencia:
nuestro juego no consiste en ganar sino en perder.
Perdemos piezas, porque somos las piezas
y, sólo perdiendo piezas, perdemos el perder.
Perder todas las piezas es nuestra máxima victoria.
Me gusta el ajedrez por la imprecisa forma
con que enseña a perder. Nunca se sabe
qué les va a suceder a los peones,
si algún desmayo sufrirá la reina,
si las torres se moverán a tiempo,
si los caballos saltarán sus obstáculos
o sus diagonales rombos recorrerá el alfil;
si el rey se retirará a sus aposentos
o lo confinarán las circunstancias;
si el tablero es movido o se mueve;
si las piezas que perdemos
son tantas como las que ganamos,
y si ellas y nosotros somos
movidos por la mano de Dios.
Nunca se sabe. No. Nunca se sabe
qué es lo que mueve a quién.
Por eso - y no por otra cosa -
me gusta tanto el ajedrez.
Nos enseña a jugar contra nosotros
y nos enseña que la vida consiste
- y consiste sólo- en un perder.
Brindo por tanta pérdida. Jaque-mate a la vida,
al miedo de la muerte, al temor de perder.
Del otro lado del tablero alguien - Dios tal vez -
me devuelve o envía algunas de sus piezas.
La partida termina en la resurrección.

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La ilustración es una platinotipia de Arkady Lvov de 1992 titulada "Partida de ajedrez".




FICHA TÉCNICA
JAIME SILES
HIMNOS TARDÍOS
VISOR. MADRID, 1999

jueves, 9 de enero de 2014

martes, 7 de enero de 2014

DE VARIA INVENCIÓN LXXXIV


Eligieron una mesita junto a la ventana, frente a un hombre de cara larga, cuya barba y mirada estaban atentamente pendientes de un tablero de ajedrez.


FICHA TÉCNICA

JAMES JOYCE
ULISES (1922)
BRUGUERA. BARCELONA, 1979
TRADUCCIÓN DE JOSÉ MARÍA VALVERDE

HEINRICH WOLFF
PLAYING CHESS (1902)
GRABADO AL AGUATINTA
PUBLICADO EL 1 DE FEBRERO DE 1902 EN LA GAZETTE DES BEAUX ARTS

domingo, 5 de enero de 2014

OTRO PROBLEMA DE NABOKOV


Una agenda de Vladimir Nabokov con poemas y problemas de ajedrez fechada en 1919 en Cambridge. Se realizó pues en los primeros meses de su salida de la Unión Soviética cuando el autor contaba con veinte años. En la agenda hay casi tantos problemas como poemas, dos pasiones que ocuparon prácticamente toda la vida de Nabokov. Que yo sepa este problema no fue publicado. Quizá la existencia de una solución dual, que resta mérito a la composición, le hizo desistir de su publicación.

VLADIMIR NABOKOV
Cambridge, 1919
#2                                                (9+4)

SOLUCIÓN

La clave ideada por Nabokov era 1. Dg2 ante la que ni la jugada de peón 1. ... fg3 2. Cg5#; ni ninguna de las jugadas de rey: 1. ... Rc6 2. Cfe5#; 1. ... Re6 2. Cd4#; 1. ... Rc4 2. Cd2#; 1. ... Re4 2. Cd4# salvan a las negras del mate en dos.

Sin embargo existe un dual 1. Df5 y también es mate en dos ante cualquiera de las dos jugadas posibles: 1. ... Rc6 2. Db5# y 1. ... Rc4 2. Cd2# 




Vladimir y su esposa Vera jugando una partida de ajedrez. El escritor parece haber planteado el ataque Fegatello. 1. e4 e5 2. Cf3 Cc6 3. Ac4 Cf6 4. Cg5 d5 5. ed5 Cd5 6. Cf7 Rf7 7. Df3

viernes, 3 de enero de 2014

OLIVERIO GIRONDO

ESPANTAPÁJAROS

23

Se podrá discutir mi erudición ornitológica y la eficacia de mis aperturas de ajedrez. Nunca faltará algún zopenco que niegue la exactitud astronómica de mis horóscopos ¡pero eso sí! a nadie se le ocurrirá dudar, ni un solo instante, de mi perfecta, de mi absoluta solidaridad.

¿Una colonia de microbios se aloja en los pulmones de una señorita? Solidario de los microbios, de los pulmones y de la señorita. ¿A un estudiante se le ocurre esperar el tranvía adentro del ropero de una mujer casada? Solidario del ropero, de la mujer casada, del tranvía, del estudiante y de la espera.

A todas horas de la noche, en las fiestas patrias, en el aniversario del descubrimiento de América, dispuesto a solidarizarme con lo que sea, víctima de mi solidaridad.

Inútil, completamente inútil, que me resista. La solidaridad ya es un reflejo en mí, algo tan inconsciente como la dilatación de las pupilas. Si durante un centésimo de segundo consigo desolidarizarme de mi solidaridad, en el centésimo de segundo que lo sucede, sufro un verdadero vértigo de solidaridad.

Solidario de las olas sin velas... sin esperanza. Solidario del naufragio de las señoras ballenatos, de los tiburones vestidos de frac, que les devoran el vientre y la cartera. Solidario de las carteras, de los ballenatos y de los fraques.

Solidario de los sirvientes y de las ratas que circulan en el subsuelo, junto con los abortos y las flores marchitas.

Solidario de los automóviles, de los cadáveres descompuestos, de las comunicaciones telefónicas que se cortan al mismo tiempo que los collares de perlas y las sogas de los andamies.

Solidario de los esqueletos que crecen casi tanto como los expedientes; de los estómagos que ingieren toneladas de sardinas y de bicarbonato, mientras se van llenando los depósitos de agua y de objetos perdidos.

Solidario de los carteros, de las amas de cría, de los coroneles, de los pedicuros, de los contrabandistas.

Solidario por predestinación y por oficio. Solidario por atavismo, por convencionalismo. Solidario a perpetuidad. Solidario de los insolidarios y solidario de mi propia solidaridad.


FICHA TÉCNICA
OLIVERIO GIRONDO
ESPANTAPÁJAROS (AL ALCANCE DE TODOS)
PROA. BUENOS AIRES, 1932